top of page

El arte de la autoobservación: Cómo tu cuerpo te avisa lo que tu mente calla

Como corredora olímpica, pasé años entrenando mi cuerpo para empujarlo al límite. Pero como psicóloga y entrenadora mental, entendí que el cuerpo no es solo una máquina que ejecuta órdenes; es un reflejo exacto de lo que pasa por nuestra cabeza. A veces, el cuerpo se entera de lo que estamos pensando mucho antes de que nuestra mente consciente se dé cuenta. El problema es que vivimos con la atención tan puesta afuera que ignoramos que cada emoción tiene un ancla física.


Por mi trabajo paso la vida viajando, dando sesiones a clientes y gestionando la distancia con mi hija Kori, que no vive conmigo. Entre los aeropuertos, las asesorías y mis propios entrenamientos, mi mente podría ser un caos absoluto. Sin embargo, tengo un hábito innegociable: siempre estoy observando mis pensamientos. Me he vuelto una experta en "cacharme" en el acto.


Me cacho cuando voy corriendo y empiezo a tensionar los hombros porque me estoy presionando de más. Me cacho en la casa, cuando noto un vacío en el estómago justo antes de querer enojarme con mi esposo porque me contesta con lo que él piensa y no con lo que yo, en mi mente, quería escuchar. En mis sesiones, veo constantemente esto con mis clientes. Lo veo en ejecutivos que no se dan cuenta de que tienen la mandíbula apretada mientras revisan pendientes, en adolescentes que cargan una ansiedad enorme en el pecho por la presión de la escuela, en señoras que viven con el cuello tenso por cargar con las preocupaciones de toda la familia, o en atletas que boicotean su propio rendimiento porque su cuerpo está somatizando una duda mental.


El sistema nervioso reacciona de inmediato a la narrativa que te estás contando. Una respiración que se vuelve superficial mientras respondes un correo, una prisa inexplicable por terminar una tarea o ese nudo en la garganta no están ahí para molestarte. Son alertas directas de tu cuerpo diciéndote: "Hey, detente a ver qué estás pensando".



Cuando ignoramos estas señales físicas, entramos en piloto automático. Nos volvemos reactivos. Terminamos respondiendo de mala gana, perdiendo la paciencia con las personas que amamos o arruinando un entrenamiento por pura frustración acumulada. Tu cuerpo es tu primera línea de defensa para regresarte al presente, pero tienes que aprender a escucharlo.


Cacharte requiere práctica, no es magia. Un ejercicio simple que yo misma aplico y que le enseño a mis clientes es la pausa consciente. Cuando notes cualquier incomodidad física —por mínima que sea— detente tres segundos, respira y haz un escaneo rápido. Pregúntate con total honestidad: “¿Qué pensamiento estoy sosteniendo justo ahora que me está tensando así?”.


La calidad de tu vida cambia radicalmente cuando dejas de ignorar a tu cuerpo y empiezas a usarlo como un mapa para entender tu mente. Si quieres empezar a desarrollar esta auto-observación en tu día a día, te invito a explorar mi página web, donde tienes a tu disposición visualizaciones y recursos gratuitos diseñados específicamente para entrenar tu atención plena.


Abrazo ¡Espero que tengan un muy buen día! Los invito a que me sigan en mis redes donde publico tips de entrenamiento y motivación durante el día.

¡Hasta la próxima!


Comentarios


bottom of page