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¿Reaccionas al presente o respondes a tu pasado? El origen de nuestros detonantes.

A todos nos ocurre: alguien se te cruza de forma imprudente en el tráfico, un compañero de trabajo hace un comentario fuera de lugar, o llegas a tu clase de yoga o al gimnasio y alguien ocupó exactamente el lugar que tú querías. En segundos, una chispa insignificante enciende un enojo desproporcionado. Si miramos la situación con honestidad, la intensidad de la molestia rara vez coincide con la gravedad del hecho. Como psicóloga, te lo aseguro: la mayoría de las veces, el presente solo está tocando una herida muy antigua.

 


Nuestra mente no opera en el vacío. Desde la infancia construimos mapas mentales basados en nuestras dinámicas familiares: el rol que jugábamos frente a nuestros hermanos, las veces que sentimos que nuestras necesidades se quedaban en segundo plano o cuando nos exigían ceder. Al crecer, esos patrones no desaparecen. Se mudan con nosotros a nuestra vida adulta, a nuestros entrenamientos y a nuestras relaciones.

 

Como viajo tanto por mi trabajo, paso muchísimo tiempo en aeropuertos y salas de espera. Hace poco me pasó que, tras un vuelo largo y cansado, una persona se metió descaradamente en la fila frente a mí. Si no me cacho a tiempo, mi mente adulta activa un viejo mecanismo de defensa de la infancia y quiero reaccionar desde un enojo desproporcionado. El impulso no era por el minuto extra de espera, sino por la vieja sensación de "se están aprovechando de mí" o "me están quitando lo que me corresponde”.

 

Esto es lo que veo todos los días en consulta. Lo veo en las señoras que se frustran al límite cuando sienten que su familia no valora su esfuerzo, reviviendo la falta de reconocimiento de su niñez. Lo veo en adolescentes que explotan ante una crítica escolar porque activa su miedo profundo a no ser suficientes. O en atletas y ejecutivos que pierden la cabeza ante un error mínimo porque su mente lo interpreta como un fracaso total. El detonante real casi nunca es la acción de la otra persona, sino la historia que tu mente se cuenta sobre esa acción: "No me respetan", "Siempre tengo que ceder" o "Mi espacio no vale". Una cosa es lo que pasa y otra es la interpretación que tu pasado le da a ese hecho.

 

Aprender a separar el hecho real de tus viejos mecanismos es un proceso duro pero sumamente liberador. Significa dejar de reaccionar como el niño herido que fuiste para empezar a responder como el adulto consciente que eres hoy.

 

Si sientes que repites constantemente los mismos patrones de enojo o frustración en tu día a día, te invito a trabajar en ello de manera estructurada. El Seminario de Entrenamiento Mental está diseñado para darte las herramientas que necesitas para identificar estos detonantes y recuperar el control de tus reacciones, avanzando completamente a tu propio ritmo.


Les agradezco muchísimo sus preguntas y comentarios. 

Los invito a que me sigan en mis redes para tips y motivación durante el día.

¡Abrazos!


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