Lo único que realmente puedes controlar (Y por qué soltar lo demás te da paz)
- terezachermindset

- hace 5 horas
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Como atleta profesional, pasé años entrenando mi cuerpo para empujarlo al límite. Pero la vida se encarga de recordarte que la ilusión de control absoluto es la fuente número uno de nuestra frustración y ansiedad. Queremos controlar el tráfico, el humor de la gente a nuestro alrededor, el clima el día de una competencia o el tiempo exacto que tarda nuestro cuerpo en recuperarse de una lesión. La verdadera madurez mental empieza cuando aceptamos una regla fundamental: no tenemos control sobre lo que nos sucede, pero somos cien por ciento responsables de cómo decidimos responder.
Gestionar esto no es fácil, y yo misma lo vivo a diario. Por mi trabajo -y por gusto- viajo constantemente. También me toca lidiar con la distancia con mi hija Kori, que vive en otro país. Además, sigo entrenando a un alto nivel, lo que significa que a menudo tengo que surfear imprevistos, viajes cansados o lesiones que amenazan con romper mis planes. El dolor de la distancia o el cambio de planes a veces son inevitables; es lo que es. Sin embargo, el sufrimiento —pasar los días quejándome internamente, peleando contra la realidad o cayendo en el desánimo— es una elección mental.
En mis sesiones veo cómo esta necesidad de control desgasta a mis clientes. Veo a ejecutivos colapsar porque un proyecto no salió como planeaban, a señoras agotadas por querer controlar la vida y las decisiones de toda su casa y de todos en su casa, a adolescentes paralizados por no poder controlar el futuro, y a atletas frustrados por no tener la marca que quieren cuando pensaban darla.
A todos ellos les repito lo mismo: redirige tu energía.
Deja de gastar recursos mentales valiosos en intentar cambiar lo externo. Enfoca ese esfuerzo en enfocar tu diálogo interno. Cambiar la pregunta extenuante de “¿Por qué me pasa esto a mí?” por una pregunta constructiva como “¿Qué puedo hacer hoy con lo que sí tengo disponible?” transforma por completo tu estado emocional. Cuando estuve lesionada del isquiotibial y no podía correr, no podía controlar qué tan rápido me iba a curar, pero si podía controlar qué hacer con ese tiempo para ayudar a sanarlo (decidí ir a yoga para cuidar mi mente y mi cuerpo con lo que sí tenía a la mano).
La paz mental no es la ausencia de problemas o imprevistos; es la confianza absoluta en tu capacidad para enfocar tu mente en medio de ellos. Al final, tu mente es el único territorio donde tú decides las reglas.
Si quieres profundizar en este enfoque, aprender a soltar las expectativas rígidas y construir una mentalidad verdaderamente resiliente ante el caos cotidiano, te recuerdo que el Seminario de Entrenamiento Mental está disponible con un precio especial para que lo comiences cuando lo decidas. Asimismo, te invito a explorar mi sitio web, donde encontrarás planes de entrenamiento y recursos de mentalidad gratuitos para complementar tu proceso.
Abrazo ¡Espero que tengan un muy buen día! Los invito a que me sigan en mis redes donde publico tips de entrenamiento y motivación durante el día.
¡Hasta la próxima!




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