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CÓMO ENTRENAR COMO UN CORREDOR DE ÉLITE


Ser un corredor de élite tiene mucho menos que ver con correr rápido de lo que la mayoría de la gente imagina. Tiene más que ver con la actitud: con no ponerte límites, con no cerrar puertas antes de tiempo y con entender que todos somos corredores intentando dar lo mejor de nosotros mismos con las herramientas que tenemos.


Si quieres convertirte en un corredor de élite —o simplemente en un mejor corredor— hay algo importante que debes recordar: los buenos corredores se construyen, no nacen. Al final, el trabajo duro siempre termina superando al talento cuando el talento no está dispuesto a esforzarse.


La oportunidad de mejorar está ahí para cualquiera que esté dispuesto a dar los pasos necesarios. Sin embargo, muchos corredores se frenan a sí mismos con excusas como: “No tengo tiempo”, “No soy de los que hacen ejercicios de fuerza” o pensamientos limitantes como: “Me gustaría correr un maratón algún día, pero mi cuerpo no está hecho para eso”.


Muchas veces, el mayor obstáculo somos nosotros mismos.


Recuerda: ser un buen corredor es una decisión.


Entonces, ¿cómo podemos mejorar? ¿Cómo podemos entrenar como un corredor de élite?


1. LA CLAVE ESTÁ EN LA CONSTANCIA

Correr bien a largo plazo no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso que requiere paciencia y perseverancia. Si estás empezando, piensa en años, no en semanas. Convierte el correr en un hábito y sigue entrenando temporada tras temporada.


Es muy común ver a corredores exitosos y pensar que todo se debe a su talento o a una genética privilegiada. Y sí, el talento influye, pero no cuenta toda la historia.

Detrás de cualquier gran resultado hay años de madrugones, entrenamientos difíciles, lesiones, frustraciones, pequeños avances y momentos en los que nada parece salir bien.


Por eso es importante concentrarse en el siguiente paso, en el trabajo diario, en cada pequeño progreso. No en la meta final.


Muchas personas me dicen lo afortunada que soy por haber logrado clasificar a unos Juegos Olímpicos o por correr un medio maratón en 1 hora y 13 minutos a los 44 años. Lo que no ven son los 21 años de preparación detrás de esos resultados.


Pasé 14 años entrenando como nadadora y llevo más años corriendo. Me levanto antes de que salga el sol. Tengo asma y hay días en que incluso hablar me cuesta trabajo. Pero sigo enfocándome en el proceso y en hacer lo mejor posible con las circunstancias que tengo.

No hay secretos ni atajos.

La mejora llega cuando eres constante durante mucho tiempo.


2. ENFÓCATE EN EL PROCESO, NO SOLO EN EL RESULTADO

Tener objetivos es importante. Bajar tu mejor marca, clasificar a una carrera importante o completar una distancia que nunca has corrido antes puede ser una gran motivación.

Pero esos resultados no dependen completamente de ti.

Lo que sí está bajo tu control es cómo entrenas cada día.


No puedes esperar grandes mejoras si solo corres cuando te sientes con ganas o si entrenas tres veces por semana de forma irregular. Lo importante es la calidad y la consistencia.


Haz bien lo básico: calienta correctamente, cumple tus entrenamientos, trabaja la fuerza, duerme bien y aliméntate adecuadamente.

Antes de pensar en rendimiento, debes pensar en salud.

Con los años aprendí algo importante: los entrenamientos son una guía, no una obligación inamovible. Hay días en los que el cuerpo simplemente no responde, y forzarlo puede hacer más daño que bien.


Escuchar a tu cuerpo también es una forma de disciplina.

Los corredores de élite saben distinguir cuáles son los entrenamientos realmente importantes y cuáles sirven principalmente para recuperar. Normalmente, las sesiones clave son la tirada larga y uno o dos entrenamientos de intensidad por semana.


Si esas sesiones se están haciendo bien, no importa demasiado si algunos rodajes suaves son más lentos de lo planeado. A veces correr despacio es exactamente lo que tu cuerpo necesita para recuperarse y seguir progresando.

Mientras el proceso vaya bien, no hay motivo para obsesionarse con lo demás.


3. ENTRENA PARA CORRER MEJOR

Los corredores de élite entrenan de cierta manera por una razón: funciona.

Si tu objetivo es mejorar tus tiempos en una carrera, necesitas entrenar con intención, no simplemente salir a correr por correr.


El entrenamiento requiere estructura y enfoque.

A veces nos cuesta aceptar que algunas actividades, aunque nos gusten mucho, no necesariamente nos acercan a nuestros objetivos como corredores.


Tengo un amigo que quiere hacer su mejor maratón. Es un corredor excelente, pero recientemente se fracturó el fémur. Cuando lo llamé para preguntarle cómo iba su recuperación, me dijo: “¿Me llamas más tarde? Estoy en el gimnasio”.


También tengo una amiga que soñaba con clasificarse para las pruebas olímpicas de maratón. Tiene muchísimo potencial, pero no quiere dejar de hacer CrossFit intenso mientras prepara un maratón.

Y lo entiendo perfectamente. Todos disfrutamos actividades diferentes: bailar, jugar baloncesto, hacer CrossFit, escalar, jugar sóftbol...


Pero disfrutar una actividad y que esa actividad te ayude a correr mejor no siempre son la misma cosa.

Puedes seguir haciéndolas si te gustan, pero siendo consciente de que no forman parte específica de tu preparación como corredor.


Es una cuestión simple: si plantas papas, no esperes cosechar zanahorias.

Si tu objetivo es correr más rápido, tu entrenamiento debe acercarte a ese objetivo.


Por eso, si buscas actividades complementarias, es mejor elegir opciones que desarrollen tu capacidad aeróbica sin aumentar el riesgo de lesión, como el ciclismo, la natación o el aqua jogging.

Como entrenadora, eso es exactamente lo que me gusta ver.


4. PARA SER UN GRAN CORREDOR HAY QUE HACER MÁS QUE CORRER

Puede sonar contradictorio después de hablar de entrenamiento específico, pero la realidad es que para correr mejor no basta con correr.

Sí, correr sigue siendo lo más importante. Pero no es lo único.


Los corredores de élite dedican tiempo a cuidar su cuerpo. Trabajan la movilidad, realizan ejercicios de fuerza, hacen estiramientos dinámicos y prestan mucha atención a la prevención de lesiones.


Porque el objetivo no es saber qué hacer cuando te lesionas.

El objetivo es evitar lesionarte.

La consistencia —de la que hablamos al principio— solo es posible cuando tu cuerpo está preparado para soportar el entrenamiento.


Es cierto que los atletas profesionales tienen recursos que la mayoría de nosotros no tenemos: masajes frecuentes, fisioterapia, crioterapia, entrenadores especializados y muchas horas disponibles para recuperarse.

Pero eso no significa que no podamos aplicar parte de esas estrategias.

Cuando era nadadora profesional, prácticamente toda mi vida giraba alrededor de entrenar, comer, recuperarme y dormir.


Hoy mi realidad es diferente. Soy madre, esposa, trabajo y viajo constantemente. No tengo tiempo para hacer todo lo que me gustaría.

Pero he descubierto algo muy simple: hacer un poco siempre es mejor que no hacer nada.

Algunas sesiones de fuerza son mejores que ninguna. Diez minutos de movilidad son mejores que cero. Un pequeño trabajo de recuperación sigue sumando.

Lo importante es encontrar maneras de cuidar tu cuerpo que se adapten a tu vida y a tu realidad.


PARA TERMINAR

Convertirse en un corredor de élite no depende únicamente del talento, de la genética o de los recursos que tengas disponibles.

Todo empieza por creer que puedes mejorar y por desarrollar la actitud necesaria para llegar tan lejos como quieras llegar.

Deja atrás las excusas.

Confía en el proceso.

Entrena con inteligencia y con constancia.

Y cuando empieces a ver resultados, descubrirás algo maravilloso: el progreso se vuelve adictivo.


Ahora te toca a ti.

Sal ahí fuera y ve por ello.


Les agradezco muchísimo sus preguntas y comentarios. 

Los invito a que me sigan en mis redes para tips y motivación durante el día.

¡Abrazos!




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